miércoles, 15 de septiembre de 2010

Uno de tantos bicentenarios.

Uno de tantos bicentenarios.

Como siempre, mis estimados bonzos del pensamiento; ni pretendo aleccionarlos, ni despertarlos a la conciencia ni nada por el estilo. La catarsis, como el bicentenario, son eventos subjetivos…

Que difícil resulta que en éste día, cuando todos deberíamos estar celebrando chingonamente, resulta que una gran parte de éste país no tienen ganas, ni motivos para celebrar. Lo peor de todo, es que sus razones son inobjetables: ni llamados políticos, ni amenazas clericales pueden tapar el hecho de que estamos en uno de los momentos más delicados de nuestra breve historia, siendo que ni siquiera tenemos un proyecto de nación; porque no cabe duda, que hay muchos Méxicos.

Recientemente, muchos amigos me han dicho que para que celebrar, si en México nada ha cambiado…

Seguramente esto les parecerá oportunista, y razón no les faltará. Pero realmente ansiaba llegar a este día. Cuando era un escuincle imberbe, en Julio de 1989 observaba con fascinación el desfile que conmemoraba el Bicentenario de la Revolución Francesa. Después de ver semejante evento, traté –sin éxito, desde luego- de imaginar cómo sería el mundo 21 años después; y ni en mis fantasías más alocadas hubiese adivinado que el mundo (y México) cambiaría tanto, y que a la vez, siguiera siendo el mismo.

En ese entonces el mundo todavía se dividía en dos grandes bloques, y siempre nos andaban espantando con el petate del muerto nuclear (algo que ya no pasa ahora, ¿verdad Fidel?) y Francia parecía en esos días como una Utopía de desarrollo e igualdad; y también estábamos pasando el trago amargo de una elección presidencial robada, que nos daba la idea de que éste país NUNCA iba a dejar a un régimen agarrado con uñas y dientes al poder…

La verdad, es que sí han cambiado mucho las cosas.

¿Qué creen? Los regímenes comunistas comenzaron a caer, y apenas hace 10 años, se logró la elección de un presidente no priista (que hasta la fecha, la incapacidad y egolatría de dicho presidente, relegó a este hecho histórico a nada más que una anécdota) y la Francia Bicentenaria, nos demostró hace algunos años gracias a unos disturbios que paralizaron a la nación gala, que están tan lejos de la Igualité, liberté y fraternité como muchas otras naciones.

Que 200 años no son nada, diría un tango

Algunos amigos, también argumentaron que no deberíamos festejar; porque el gobierno hizo un gasto oneroso y ofensivo, para celebrar dicho evento; mientras gran parte del sureste está bajo el agua, y el norte bajo las balas. Y tienen toda la razón, imagínense:

Supongan por un momento que vivimos en una familia disfuncional, que vive en una casa hermosa, pero que está mal aprovechada y muy maltratada. El Gobierno es como un padre irresponsable pero que se da baños de pureza, está casado con Televisa, que es como mama estilo Sara García, regañona, intolerante, pero que al final le da la razón al padre y termina alcahueteando a los hijos. Esta pareja disfuncional tiene muchísimos hijos, que han sido malcriados, a unos les dan todo y a otros nada… pero la gran mayoría no se hablan y siempre están peleando.

Y por si fuera poco, esta familia tiene un tío lejano llamado Iglesia, que siempre quiere tomarse las atribuciones del padre.

Resulta que papá se quiere hacer el generoso y ha tirado la casa por la ventana en un fiestonón

¿Qué vamos a hacer? Hacer berrinche y encerrarnos en nuestro cuarto mientras transcurre la fiesta? ¿Amargarle la fiesta a los otros hermanos? ¿Salir a festejar y fingir que todo es maravilloso? ¿Salir y vandalizar la casa, porque así creo que se debe celebrar todo? La verdad no sé. Lo único que me queda claro es que se hizo un gasto monumental… pero es con ¡mi dinero! ¡tu dinero! ¡¡ NUESTRO DINERO!! ¿Por qué no habríamos de salir a la calle y festejar? ¿Acaso vamos a dejar que nuestro dinero se tire a la basura? ¡Ya se lo gastaron!

Tampoco digo que salgamos a olvidar el pésimo trabajo que se hace para mejorar el país, pero también es justo celebrar que estamos vivos, que sobrevivimos… pero que sobre todo, aquellos que trabajamos, estudiamos, barremos calles, echamos la mezcla, servimos comidas, pagamos impuestos, en fin… nos PARTIMOS LA MADRE todos los días; estamos haciendo patria, y NOS LO MERECEMOS.

Y no olviden, malqueridos políticos, religiosos, narcos, y demás sanguijuelas, que las fiestas centenarias por lo general, terminan en REVOLUCIONES. No lo olviden.

Ultimadre me importa mente, si voy a festejar el bicentenario… Ya me desahogué. Como siempre, mis hermanos, Ustedes tampoco se queden callados.

PS. Mientras escribo esto, acabo de escuchar un rumor macabro pero muy a la mexicana... que van a encontrar el cadáver del Jefe Diego hoy en la noche en el centro.

A veces hasta para divertirnos somos tan mórbidos... De por sí el indio es alegre, y encima le dan maracas...

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